miércoles, 28 de septiembre de 2011

HELEN KELLER



- Mantén tu rostro al sol y así no verás las sombras.

Difícil ser mujer, universitaria y discapacitada en Estados Unidos a principios del siglo XX; y más aún, siendo socialista.

Cuando hacemos lo mejor que podemos, nunca sabemos qué milagro se produce en nuestra vida o en la de otros.

Soy solo una persona. Pero aún soy una persona. No puedo hacer todo, pero puedo hacer algo. No voy a rehusar a hacer el "algo" que puedo hacer

La noche de la ceguera tiene también sus maravillas. La noche de la ignorancia y de la insensibilidad es la única tiniebla impenetrable. El infortunio de los ciegos es inmenso, irreparable. Pero no nos priva de compartir con nuestros semejantes la acción altruista, la amistad, el buen humor, la imaginación y la sabiduría

La gente puede aprender que un hombre ciego no es un genio pero tampoco es un idiota. El tiene una mente que puede ser educada, y una mano que puede ser entrenada; tiene ambiciones las cuales pueden ser realizadas, y el trabajo de la gente es ayudarlo a que pueda ser el mejor por sí mismo y pueda ganar méritos a través de su trabajo. Cuando una puerta se cierra, otra se abre, pero frecuentemente miramos durante tanto tiempo a la puerta que se cerró, que no nos damos cuenta de la puerta que se ha abierto para nosotros

No existe una manera más hermosa de dar gracias a Dios por tu vista, que brindando una mano de ayuda a aquellos que por carecer de ella viven en la oscuridad.

Mi mano es para mí lo que el oído y la vista juntos son para vosotros. ¡Cuántas veces viajamos por las mismas carreteras, leemos los mismos libros, hablamos el mismo idioma, y no obstante nuestras experiencias son distintas! Todos los actos de mi vida dependen de mi mano como de un eje central. A ello le debo mi continuo contacto con el mundo exterior. También es mi mano la que me permite salir del aislamiento y de la oscuridad

Cuando aprendí el significado del “yo” y el “mi” me enteré de que yo era “algo” y comencé a pensar. El hombre se busca y estudia a sí mismo, y a su debido tiempo encuentra su grado de extensión y el verdadero significado para sí del universo



Helen Keller  fue una autora, activista política, y oradora estadounidense sordociegaA pesar de sus discapacidades, muchos años después daría discursos acerca de su vida, e incluso escribiría libros sobre sus experiencias personales. Todo esto fue posible gracias a la gran ayuda e influencia de su institutriz Anne Sullivan, quien le enseñó a leer y comunicarse con los demás, junto con llevar una vida disciplinada. Para que aprendiera a escribir, Sullivan le consiguió a su discípula un tablero especialmente diseñado, acanalado de modo que un lápiz podía formar letras.
Para enseñarle a hablar, Sullivan ponía la mano de Helen en su garganta para que pudiera sentir las vibraciones creadas al comunicarse. Anne Sullivan fue su profesora personal, y amiga de toda la vida. Anne le ayudó primero a controlar su mal genio, y después le enseñó a leer, en primer lugar con el alfabeto manual táctil y más adelante, con el sistema Braille, a escribir de forma normal y a través de las máquinas de escribir en Braille.
Helen fue a la escuela de Cambridge para señoritas desde 1896 y en el otoño de 1900 entró en la Universidad de Radcliffe, siendo la primera persona sordociega que podía alcanzar el reto de presentarse y transitar en una Universidad. En octubre de 1961 Helen sufrió el primero de una serie de accidentes cerebro vasculares, y su vida pública fue disminuyendo. En los últimos años de su vida se dedicaría entonces a cuidar su casa en Arcan Ridge.
En 1964, Helen fue galardonada con la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto premio para personas civiles otorgada por el presidente Lyndon Johnson. Un año más tarde fue elegida como La mujer del “Salón de la Fama” en la Feria Mundial de Nueva York.
Poco antes de su muerte en 1968, a la edad de 87 años, Helen Keller le dijo a un amigo: "En estos oscuros y silenciosos años, Dios ha estado utilizando mi vida para un propósito que no conozco, pero un día lo entenderé y entonces estaré satisfecha."
El 1 de junio de 1968, en Arcan Ridge, Helen Keller muere mientras dormía. Su cuerpo fue cremado en Bridgeport, Connecticut, y su funeral se realizó en la Catedral Nacional de Washington DC. La urna más tarde sería llevada a un lugar cerca de donde descansaban los restos de Anne Sullivan y Polly Thomson.

El cine, la televisión y los compendios infantiles han difundido ampliamente la figura de Helen Keller, esa maravillosa mujer que, pese a parecer estar destinada a vivir casi separada del mundo, por ciega y sordomuda, inverosímil y milagrosamente, superó todas sus imposibilidades y vivió una l arga vida dando conferencias y escribiendo libros; uno de ellos, Light in my Darkness, sobre el intrincado y sutilísimo místico sueco Emanuel Swedenborg.Este otro libro, The Story of my Life, lo escribió mientras aún estaba en la universidad con la ayuda de su institutriz y amiga Anne Sullivan y del marido de esta, John Macy. Fue publicado por vez primera en 1903, cuando la autora contaba 22 años. La presente edición rescata la de la temprana, primera y única hasta el momento, edición española (1905). Fue traducido por una de las más brillantes escritoras españolas del primer tercio del siglo XX, Carmen de Burgos «Colombine», hoy día un tanto olvidada.La historia de mi vida de Helen Keller, sigue siendo, pese a más de un siglo de descuido editorial, un hermoso y ejemplar testimonio de superación y valentía humanas contra el que no podrá el olvido.Helen Keller. Nació en 1880, y antes de cumplir dos años de vida perdió la vista y el oído en el transcurso de una enfermedad. «Durante casi seis años», dice, «viví privada del menor concepto sobre la naturaleza o la mente, la muerte o Dios. Puede decirse que pensaba con mi cuerpo, y, sin excepción, los recuerdos de aquella época están relacionados con el tacto... No había una chispa de emoción o racionalidad en esos recuerdos clarísimos, aunque meramente corporales; podía compararme con un insensible pedazo de corcho. De pronto, sin que recuerde el lugar, el tiempo o el procedimiento exacto, sentí en el cerebro el impacto de otra mente y desperté al lenguaje, el saber, el amor, a las habituales nociones acerca de la naturaleza, el bien y el mal».Lentamente, aprendió los nombres de las cosas que podía tocar; aprendió a hablar y a escuchar con las manos. Aprendió a escribir y a mecanografiar. Fue admitida en el Radcliffe College, y allí curso estudios. Ninguna mujer de su época ha sido tan merecidamente celebrada.

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