miércoles, 28 de septiembre de 2011

TIRSO DE MOLINA

























- A una verdad, le añaden muchos ceros

En las promesas almíbar y en el cumplimiento acíbar

... y el traidor es traidor porque es cobarde

Que el saber obedecer es la más perfecta ciencia

Que ya excediera de humano si en todo fuera perfecto

- Aumenta la soberbia el buen vestido


Tirso de Molina (pseudónimo de fray Gabriel Téllez), fue un dramaturgopoeta y narradorespañol del BarrocoTirso de Molina destaca sobre todo como autor teatral. Su dramaturgia abarca principalmente la comedia de enredo, como Don Gil de las calzas verdes, y obras hagiográficas como la trilogía de La Santa Juana o La dama del olivar. Se le ha atribuido tradicionalmente la creación del mito de Don Juan en El burlador de Sevilla, cuya primera versión podría ser de 1617, con la obra Tan largo me lo fiais, editada en el siglo XVII a nombre de Calderón y que parte de la crítica atribuye a Andrés de Claramonte (no así otro sector de críticos, que la tienen como una versión emparentada con un arquetipo común escrito por Tirso entre 1612 y 1625); en la citada obra, Don Juan, un noble sevillano, altera el orden social deshonrando a cuantas mujeres se le ponen delante y finalmente es castigado por la estatua funeraria de una de sus víctimas, el padre de una de las damas burladas, que lo mata y lo arrastra a los infiernos. También se encuentra en discusión la autoría de El condenado por desconfiado, comedia de bandoleros a lo divino. Tirso fue el primer autor que dio profundidad psicológica a los personajes femeninos, que llegaron a ser protagonistas de sus obras. El estilo de sus obras es abiertamente conceptista, muy jugador con los vocablos, y en sus últimas obras algo culterano, pero siempre sobre un fondo conceptista. Su reputación trascendió las fronteras española aun en vida, como demuestra el hecho de que la obra Opportunity de James Shirley se inspira en El castigo del penseque; sin embargo, superado por la fama de calderón de la Barca, Tirso fue un gran olvidado en España durante más de un siglo, hasta que a finales del XVIII algunas de sus piezas fueron tímidamente recuperadas por Dionisio Solís y Juan Carretero.

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