sábado, 1 de junio de 2013

EZRA POUND


- Esclavo es aquel que espera por alguien que venga y lo libere.

- No hay ninguna razón para que a un mismo hombre le guste los mismos libros a los 18 que a los 48 años.

- La poesía se debería escribir en prosa también.

- El verdadero problema de la guerra (la guerra moderna) es que no le da a nadie la posibilidad de matar a la gente indicada.

- A la gente las ideas le parecen aburridas porque no distinguen entre las ideas vivas y las que están amontonadas en un estante.

- Las guerras se hacen para producir deudas.


Ezra Weston Loomis Pound, poeta, ensayista, músico y crítico estadounidense perteneciente a la Lost Generation —«Generación perdida»— que predicó fogosamente el rescate de la poesía antigua para ponerla al servicio de una concepción moderna, conceptual y al mismo tiempo fragmentaria.
Su obra monumental, los Cantos, o Cantares, le llevó gran parte de su vida. El crítico Hugh Kenner dijo tras encontrarse con Pound: «He tomado de repente conciencia de que estaba en el centro del modernismo»
Pound fue un ferviente seguidor de Benito Mussolini y fue criticado por su antisemitismo. Fue internado en un sanatorio mental en 1945 tras haber sido condenado por traición al servir propagandísticamente a la dictadura de Benito Mussolini. Debido a sus opiniones políticas, Pound fue muy criticado en la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, fue central el papel que desempeñó en la revolución poética de su tiempo: fue uno de los primeros poetas en emplear con éxito el verso libre en composiciones extensas. The Cantos sirvió como piedra de toque para Allen Ginsberg y el resto de la Generación Beat.
Hay críticos que consideran que casi cualquier poeta experimental en lengua inglesa de comienzos de siglo está en deuda con Ezra Pound. Tras la guerra, Pound fue juzgado en EEUU por traición. Las intermediación de diferentes figuras del mundo cultural consiguió que se le declarara loco (así se le salvaba de una potencial pena de muerte) y que se le internara en el hospital del St. Elizabeth, donde permaneció durante doce años (1946–1958). Allí continuó elaborando The Cantos, además de traducir a Confucio.

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