miércoles, 27 de junio de 2012

GIOVANNI PAPINI


- Temo a un solo enemigo que se llama, yo mismo

El destino no reina sin la complicidad secreta del instinto y de la voluntad

Hay quien tiene el deseo de amar, pero no la capacidad de amar.

El amor no es capaz de ver los lados malos de un ser; el odio no es capaz de ver los lados buenos.

Todo hombre paga su grandeza con muchas pequeñeces, su victoria con muchas derrotas, su riqueza con múltiples quiebras

La ira es como el fuego; no se puede apagar sino al primer chispazo. Después es tarde.

El dinero, que ha hecho morir a tantos cuerpos, hace morir todos los días a miles de almas.

El amor es como el fuego, que si no se comunica se apaga.

Una salud demasiado espléndida es inquietante, pues su vecina, la enfermedad, está presta siempre a abatirla.

Si un hombre cualquiera, incluso vulgar, supiera narrar su propia vida, escribiría una de las más grandes novelas que jamás se haya escrito


 Giovanni Papini fue un escritor italiano. Inicialmente escéptico, posteriormente pasó a ser un fervoroso católico.  Alrededor de 1920, un año antes de publicar su Historia de Cristo, se produjo su conversión al catolicismo, no sin escándalo y sorpresa de todos. La crítica europea considera que su mejor obra es Gog, una colección de relatos filosóficos, escritos en un estilo brillante y satírico, y hasta el propio Papini confesó amarla por sobre todas las otras. A ella le siguió, muchos años después, como continuación, El libro negro, con igual estilo brillante y satírico. Sin embargo, Un hombre acabado (autobiografía) es considerada por muchos otros como su obra maestraPor otra parte, su obra El Diablo, una de las últimas, fue objeto de grandes discusiones y controversias. En ella explica cómo el amor de Dios al ser tan grande y magnífico, al llegar el Juicio Final, se compadecerá de todos los sufrientes, cerrará el infierno y redimirá a todos los pecadores, lo cual es incompatible con la doctrina de la Iglesia Católica. Además, entre sus obras religiosas están Historia de Cristo, San Agustín, La escala de Jacob, Cartas del Papa Celestino VI a los hombres y Juicio Universal (póstuma). En palabras de Jorge Luis Borges, "Si alguien en este siglo es equiparable al egipcio Proteo, ese alguien es Giovanni Papini, que alguna vez firmara Gian Falco, historiador de la literatura y poeta, pragmatista y romántico, ateo y después teólogo". El propio Borges dice que "hay estilos que no permiten al autor hablar en voz baja. Papini, en la polémica, solía ser sonoro y enfático"  A mediados de 1944, refugiándose de la postrimería de la Segunda Guerra Mundial, Papini abandonó su casa de Bulciano (destruida luego por los bombardeos ingleses) e ingresó al convento franciscano de Verna. Murió en 1956 en su natal Florencia, ciego, mudo y paralítico.

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