martes, 27 de septiembre de 2011

CHARLES DICKENS

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- La caridad comienza en mi casa, y la justicia en la puerta siguiente.


- Si no hubiera malas gentes no habría buenos abogados

- El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas; el perfecto conocedor de los hombres las sabe hacer vibrar todas, como un buen músico

- Nunca es tarde para el arrepentimiento y la reparación

- Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año

- Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender

- Acostumbramos a cometer nuestras peores debilidades y flaquezas a causa de la gente que más despreciamos.

- Hay hombres que parecen tener sólo una idea y es una lástima que sea equivocada

- Hay grandes hombres que hacen a todos los demás sentirse pequeños. Pero la verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes

- El hombre nunca sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta

- He aquí una regla fundamental en los negocios: házselo a los demás, puesto que ellos te lo harán a ti

- Reflexiona sobre tus bendiciones presentes, de las que todo hombre posee muchas; no sobre tus pasadas penas, de las que todos tienen algunas

- Hay cuerdas en el corazón humano que sería mejor no hacerlas vibrar

- No fracasa en este mundo quien le haga a otro más llevadera su carga

- El número de malhechores no autoriza el crimen.

Charles John Huffam Dickens fue un famoso novelista inglés, uno de los más conocidos de la literatura universal, y el principal de la era victoriana. Fue maestro del género narrativo, al que imprimió ciertas dosis de humor e ironía, practicando a la vez una aguda crítica social. En su obra destacan las descripciones de gente y lugares, tanto reales como imaginarios. Utilizó en ocasiones el seudónimo Boz. Dickens fue y sigue siendo venerado como un ídolo literario por escritores de todo el mundo. El 9 de junio de 1865, mientras regresaba de Francia para ver a Ellen Ternan, Dickens sufrió un accidente, el famoso choque ferroviario de Staplehurst, en el cual los siete primeros vagones del tren cayeron de un puente que estaba siendo reparado. El único vagón de primera clase que no cayó fue aquel donde se encontraba Dickens. El novelista pasó mucho tiempo atendiendo a los heridos y moribundos antes de que los rescatadores llegasen Cinco años después del citado accidente, el 9 de junio de 1870, murió al día siguiente de sufrir una apoplejía, sin haber recuperado la consciencia. Contra su deseo de ser enterrado en la catedral de Rochester (la cercana a su domicilio), «de forma barata, sin ostentaciones y estrictamente privada», lo fue en la llamada «Esquina de los Poetas» de la Abadía de Westminster, si bien se procuró respetar su deseo de privacidad. Sus obras más conocidas: Oliverio Twist, Cuento de Navidad, David Cooperfield.


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