lunes, 26 de septiembre de 2011

MOLIÉRE
























- El celoso ama más, pero el que no lo es ama mejor

- Somos fácilmente engañados por aquellos a quienes amamos

- La felicidad ininterrumpida aburre: debe tener alternativas

- Las cosas no valen sino lo que se las hace valer

- La hipocresía es el colmo de todas las maldades

- Un amante apasionado ama hasta los defectos de la persona a quien ama

- La muerte es el remedio de todos los males; pero no debemos echar mano de éste hasta última hora.

- Jamás se penetra por la fuerza en un corazón

- El envidioso puede morir, pero la envidia nunca.

- Un tonto sabio es más tonto que un tonto ignorante.

- El amor es a menudo fruto del matrimonio

- El dinero es la llave que abre todas las puertas



Jean-Baptiste Poquelin, llamado Molière fue un dramaturgohumorista y actor francés y uno de los más grandes comediógrafos de la literatura occidental.
Considerado el padre de la Comédie Française, sigue siendo el autor más interpretado. Despiadado con la pedantería de los falsos sabios, la mentira de los médicos ignorantes, la pretenciosidad de los burgueses enriquecidos, Molière exalta la juventud, a la que quiere liberar de restricciones absurdas. Muy alejado de la devoción o del ascetismo, su papel de moralista termina en el mismo lugar en el que él lo definió: «No sé si no es mejor trabajar en rectificar y suavizar las pasiones humanas que pretender eliminarlas por completo», y su principal objetivo fue el de «hacer reír a la gente honrada». Puede decirse, por tanto, que hizo suya la divisa que aparecía sobre los teatritos ambulantes italianos a partir de los años 1620 en Francia, con respecto a la comedia: Castigat ridendo mores, «Corrige las costumbres riendo». Su última obra es El enfermo imaginario (Le Malade imaginaire). Sufrió un ataque en el curso de la cuarta representación y murió en su domicilio, sin renegar de su profesión de actor, considerada inmoral por la Iglesia. Bajo la ley francesa de aquel tiempo, no estaba permitido que los actores fueran enterrados en el terreno sagrado de un cementerio. Sin embargo, la viuda de Molière, Armande, le pidió al rey que su cónyuge pudiera tener acceso a un funeral normal por la noche. El rey accedió y Molière fue enterrado en la parte del cementerio reservada a los infantes no bautizados.

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